Los pueblos del Sur ¿Olvidados por el 15M?

Publicado en el libro “¡Espabilemos! Argumentos desde el 15-M” coordinado por Carlos Taibo y editado por Libros de la Catarata (2012) (este texto fue escrito por Iolanda Fresnillo durante el mes de Julio de 2012)

c0be2be3eef01cd60a732facac0a7825d4c316d7El 30 de Noviembre de 1999 los noticiarios de medio mundo abrieron con lo que se conoció años mas tarde como la batalla de Seattle, una masiva movilización contra las intenciones de liberalización comercial de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Aquél fue el estallido inicial de lo que se conoció como movimiento “antiglobalización”. En aquellos primeros años del siglo XXI numerosos activistas en todo el mundo se revelaron contra los impactos de la globalización neoliberal y sus responsables.  El foco de las movilizaciones, que llenaron calles e intentaron bloquear numerosas cumbres, se dirigía hacia las políticas impuestas por organismos como el G8, la OMC, el Banco Mundial (BM) o el Fondo Monetario Internacional (FMI).  En el centro de las denuncias y demandas, se situaban los derechos de los pueblos del Sur, que sufrían con especial fuerza los impactos de las políticas impuestas por dichas instituciones.

El pago de la deuda y los planes de ajuste estructural impuestos por FMI y Banco Mundial para garantizar dicho pago, incluyendo privatizaciones de servicios sociales y empresas públicas estratégicas, desregulaciones comerciales y financieras y otros duros ajustes económicos y sociales,  suponían, y siguen suponiendo un duro ataque la soberanía y los derechos de dichos pueblos del Sur, y activistas en todo el mundo se rebelaron contra estas instituciones y sus políticas. Inspirados en buena medida en movimientos y luchas en los países del Sur, como el levantamiento Zapatista de 1994, o la lucha del Movimiento de los Sin Tierra (MST) en Brasil y de Vía Campesina en múltiples países del Sur, se establecieron rápidamente espacios de coordinación internacional, vinculando movimientos del Norte y del Sur, especialmente a través de eventos como el Foro Social Mundial o de redes como Acción Global de los Pueblos. Así pues, a pesar de ser un movimiento que cobró especial fuerza en el Norte, tenia puesta su mirada en garantizar los derechos de los pueblos del Sur frente a la ola de la Globalización neoliberal.

Poco más de una década más tarde, y en buena medida inspirados en las revoluciones de la Primavera Árabe en Túnez y Egipto, miles de personas toman calles y plazas, primero en el Estado español, y más tarde en ciudades como Londres, Paris, Roma o Nueva York, para protestar por los excesos del capitalismo salvaje que genera distancias cada vez más insalvables entre el 1% rico y el 99% empobrecido.

El movimiento 15M en nuestro país surge como respuesta a la crisis económica que asola la periferia europea, centrado en buena parte, al menos en un inicio, en denunciar la pobre respuesta por parte de las instituciones. Bajo el lema del “no nos representan” el movimiento 15M centra sus protestas en la indignación por la situación a la que se ha llegado en nuestro país, mostrando solidaridad con países de la periferia europea como Grecia o Portugal, y admirándose en casos como el islandés. Pero en un inicio poca atención se presta a más allá del continente Europeo (con la excepción de las primaveras árabes y del salto del movimiento a Wall Street). El 15M surge pues como un movimiento eminentemente estatal, centrado en los impactos locales de una crisis global, que tiene muchas similitudes con aquellas vienen arrasando las economías de América Latina, Asia y África desde hace décadas.

En el caso de la crisis de la deuda europea, las similitudes con la problemática del endeudamiento en los países del Sur resultan evidentes. La deuda ha sido durante décadas, y sigue siendo aún hoy en día, un mecanismo de neocolonización en los países del Sur. El endeudamiento ha sido la herramienta que ha permitido el expolio no sólo de recursos económicos, a través del retorno de la deuda y sus intereses, sino también naturales, así como la explotación de los recursos humanos. Los programas de ajuste estructural impuestos por el FMI y el BM en los países endeudados durante la década de los 80 y 90, y hasta la actualidad, con tal de asegurar el pago de dicha deuda, distan muy poco de las medidas de austeridad que hoy día se imponen en Grecia, Portugal o España, y han supuesto en los países del Sur décadas de empobrecimiento, violación de los derechos humanos y aumento de las desigualdades.

Los movimientos y organizaciones sociales que luchan por la anulación de la deuda de los países del Sur desde hace años han ido construyendo una narrativa y una serie de herramientas para hacer frente a la tiranía de la deuda.  Entre ellas el concepto de Deuda Ilegítima y la propuesta de realizar Auditorias Ciudadanas de la Deuda. Vistas no tanto como un fin en si mismas, sino como un medio para evidenciar las irregularidades, irresponsabilidades e ilegalidades que se esconden bajo los procesos de endeudamiento, las auditorías deben permitir avanzar en el camino hacia el reconocimiento de la ilegitimidad de la deuda. En los últimos años ha habido importantes avances en ese sentido, que culminan con la Auditoría Integral del Crédito Público realizada en Ecuador el 2008, promovida por el mismo Gobierno. Los resultados de esa auditoría permitieron poner sobre la mesa numerosas irregularidades y demostrar la ilegitimidad de buena parte de la deuda de Ecuador, permitiendo una renegociación de la deuda contraída por el Estado con acreedores privados y un ahorro de 2.200 millones de euros más 6.000 en intereses. Un ahorro que se tradujo en recursos para el gasto social. Más allá del caso de Ecuador, movimientos sociales en Brasil, Zimbabue o Filipinas, entre otros, han logrado iniciar procesos ciudadanos de auditoría.

Desde sus inicios surgen en el movimiento 15M voces que recogen dicha narrativa, proponiendo la denuncia de la deuda por ilegítima y la realización de una auditoria ciudadana de la deuda en nuestro país. Ya en Octubre de 2011 se celebra en Madrid el encuentro “Viviendo en Deudocracia”, en el que movimientos que tradicionalmente trabajaban alrededor de los derechos de los pueblos del Sur, como “¿Quien debe a Quien?”, y el movimiento 15M se unen para tirar adelante la propuesta de realización de dicha auditoria ciudadana. Un paso que realizarán también movimientos similares en Grecia, Portugal, Irlanda, Italia, Francia, Bélgica o el Reino Unido. El 15M opta así, de forma casi natural, por aprender de las experiencias de movimientos sociales en el Sur, incorporando sus propuestas y siguiendo sus pasos. Sin embargo no resulta tan fácil incorporar en la dialéctica y las demandas del movimiento, que aquello que exigimos para nosotras (el no pago de la deuda ilegítima y el fin de las medidas de austeridad), lo demandemos también de forma sistemática para los pueblos del Sur.

Se denuncia pues la injerencia de instituciones como el FMI en nuestra economía y nuestro sistema político, pero poco se habla de cómo estas instituciones han estado arrebatando la soberanía de los pueblos en el Sur durante décadas. En las demandas de una democracia real y participativa, de un retorno de la soberanía para el pueblo, y del fin de la dictadura de los mercados, es importante incorporar esta dimensión global, pues estamos luchando contra instituciones y mercados que actúan de forma idéntica en los diferentes rincones del planeta.

Si aspiramos a que esta ola de indignación vaya más allá de los países occidentales y sea realmente global, debemos ser capaces de ampliar nuestro discurso a una dimensión más global, aprendiendo del Sur y defendiendo al Sur, porque sus derechos son nuestros derechos. Para ello, es imprescindible construir verdaderas alianzas de cooperación sin repetir ciertas pautas eurocéntricas. Un reto clave si queremos superar el recelo de la mayoría de movimientos del sur hacia unas movilizaciones que de momento ven como simples luchas en defensa de los privilegios perdidos.

Otro de los ejes de protesta del movimiento 15M ha sido inevitablemente la lucha por los derechos laborales, a raíz de las reformas laborales impulsadas por el Gobierno.  En la denuncia del paso atrás que suponen dichas reformas, el movimiento 15M, al igual que el movimiento sindical, raramente abordan la cuestión desde una dimensión global. En muchas ocasiones, aquellas empresas que denunciamos en nuestro país por explotación laboral, deslocalizan su producción o servicios a países del Sur en los que las sucesivas olas de reformas y ajustes neoliberales han arrasado con los pocos derechos laborales existentes.  En este sentido, la denuncia no se puede quedar en reclamar una serie de derechos para nosotras (una protesta por privilegios perdidos), sino abordar los derechos laborales desde una perspectiva global. Para ello podemos trabajar con aquellas organizaciones y movimientos sociales y sindicales que, tanto en España y Europa, como en los países del Sur, desde hace décadas denuncian aquellas empresas multinacionales que, con sede principal en el viejo continente, se enriquecen en base a la explotación laboral, especialmente de las mujeres, de los pueblos del Sur.  De la misma forma, para abordar la protesta contra las privatizaciones de servicios públicos como el agua, la sanidad o la educación, sería no sólo útil y enriquecedor, sino mutuamente beneficioso, contar con las experiencias que en los pueblos del Sur han desarrollado en la lucha contra las privatizaciones, no en pocas ocasiones con resultados exitosos.

Aquellas empresas, bancos y mercados todopoderosos que denunciamos por tener secuestrada nuestra democracia suelen ser las mismas que denunciamos desde hace años por sus actuaciones irresponsables y criminales en los países del Sur.  Para luchar contra estos poderes fácticos, no sólo es necesario establecer estrategias de colaboración y trabajo en red a nivel internacional, sino incorporar la dimensión internacional de los impactos de dichos actores en nuestro análisis y nuestras demandas.

Mas allá de las denuncias concretas de empresas, bancos, mercados o instituciones internacionales,  el abordaje del 15M sobre la crisis no debe dejar de lado su dimensión sistémica y multidimensional. Como repetimos a menudo, no se trata tan sólo de una crisis financiera y económica, sino que la Crisis es sistémica, con dimensiones políticas, sociales, energéticas y ambientales.  Nos repiten constantemente el mantra “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, en relación a la connivencia de la población de nuestro país con la burbuja inmobiliaria y de crédito. Pero pocas veces se hace hincapié en la dimensión socio ambiental de dicha expresión. Si nos fijamos en los impactos sociales y ambientales que nuestro modelo de consumo y producción tiene sobre los pueblos del Sur, llegaremos a la conclusión de que, efectivamente, como sociedad, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades (y las de nuestros ecosistemas) adquiriendo una deuda ecológica y social con los pueblos del Sur.

Si el movimiento 15M pretende dar respuestas y plantear alternativas sistémicas a la crisis, no puede olvidar estas deudas. Sólo caminando hacia un nuevo modelo productivo, comercial y de consumo podemos asegurar que no estaremos violando la soberanía alimentaria y energética de los pueblos del Sur, o acumulando una mayor deuda con ellos. Y sólo defendiendo los derechos comunes de forma conjunta, podremos avanzar hacia una construcción común de ese otro mundo posible que hace años reivindicamos.

Iolanda Fresnillo, Julio de 2012

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