La Deuda llega a Europa, tras devastar el Sur

Griselda Piñero (Attac- Acordem), Olivier Chantry (CADTM) y Iolanda Fresnillo (Observatori del Deute en la Globalització – ODG). Este artículo forma parte del libro Vivir en Deudocracia (Editorial Icaria)

EUROPA ENDEUDADA Y BAJO EL AJUSTE[i]

En Grecia, Irlanda, Islandia, Portugal, Italia, el Estado español, entre otros países europeos, se están aplicando fuertes recortes sociales y ajustes económicos, para, según gobiernos e instituciones internacionales, poder hacer frente a elevados niveles de deuda y déficit. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí?

En términos generales, los países europeos se han ido endeudando progresivamente desde los años 80, al igual que muchos países del Sur. A principios de los 80 el Gobierno de Estados Unidos promovió una brutal subida de tipos de interés que hizo crecer la factura de la deuda tanto en el Sur como en el Norte. Paralelamente, en Europa se aplicaron reformas fiscales regresivas para favorecer a las empresas y familias de altos ingresos. Esto produjo una disminución progresiva de la recaudación de los impuestos de la renta y patrimonio, que se compensó en parte con el aumento de los impuestos indirectos (IVA) y con un creciente endeudamiento.

La crisis financiera y económica que se inició en 2007 y estalló bruscamente en Wall Street en 2008 agravó la situación económica europea. La quiebra de empresas y el aumento del paro, con la consecuente disminución del consumo, produjo una aún mayor disminución de ingresos para el Estado (se recaudan menos impuestos) y un aumento de los gastos (mayor necesidad de subsidios, a lo que hay que añadir el rescate de los bancos y grandes empresas en crisis). Todo ello ha llevado a un aumento de la deuda en Europa, que ha sido especialmente grave en los llamados PIIGS: Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España.

El aumento de la deuda y el déficit de estos países los han situado en la mira de los mercados financieros. Grecia, Irlanda y Portugal, con dificultades para hacer frente a los pagos de la deuda, han sido obligadas a aceptar los “rescates” de la UE, el Banco Central Europeo y el FMI. Islandia o Rumania acudieron también al FMI. Sin embargo, las “ayudas” del FMI vienen siempre acompañados de duros ajustes sociales. El Reino Unido, Italia o el Estado español están aplicando también dramáticos recortes, respondiendo a las exigencias de los mercados financieros para evitar así la intervención del FMI y la UE. Todos ellos siguen acudiendo a los mercados financieros para re-financiar su deuda, con emisiones periódicas de bonos. Unos bonos cuyo coste (tipo de interés) lo marcan los mercados financieros a través de las Agencias de Calificación, que aprovechan esta rutina para transmitir casi a diario la insaciable insatisfacción de los mercados con los recortes sociales impuestos, y dar así señales de la “necesidad” de aplicar ajustes cada vez más profundos.

Y a todo esto ¿quiénes son los acreedores de la deuda de los países europeos? En su mayoría se trata de bancos europeos, sobre todo alemanes y franceses, pero también belgas, holandeses, británicos o españoles, entre otros. Durante la época de vacas gordas, el sector bancario europeo prestó con alegría a países como España, Portugal o Grecia así como a los países de Europa del este. Ofrecieron crédito fácil a los Estados y, especialmente, al sector privado, financiando así la especulación bursátil y bancaria que alimentaba a su vez las burbujas inmobiliaria y empresarial.

De hecho, nos intentan convencer de que los recortes sociales se deben al aumento de la deuda pública, pero en general la deuda que más ha crecido ha sido la del sector privado. Familias, pero sobre todo empresas y bancos, se endeudaron a bajo coste (tipos de interés bajos) y ese endeudamiento privado fue en parte el motor de la economía durante los últimos años. Los banqueros, extranjeros y locales, que han permitido esta situación concediendo crédito fácil, consideraron que, con la Unión Europea detrás, no había ningún peligro. Con la crisis, se ha demostrado que no asumían ningún riesgo, ya que han sido los primeros en ser rescatados.

 

LA DEUDA EN LA PERIFERIA EUROPEA

Grecia, de la dictadura al Olimpo y la gloria militar a golpe de endeudamiento

A diferencia de otros países, en el caso griego la crisis se debe sobre todo al endeudamiento público. Tras heredar la deuda de la dictadura de los coroneles, Grecia siguió endeudándose desde los 90 para cubrir el agujero producido en las arcas públicas por la reducción del impuesto de sociedades y sobre las rentas más altas. Sin embargo, los préstamos sirvieron para financiación inversiones totalmente cuestionables como la compra de material militar, principalmente a Francia, Alemania[ii] y Estados Unidos, o las infraestructuras de los Juegos Olímpicos de 2004, que de un presupuesto inicial de poco más de 1.300 millones de dólares, se elevó a 14.200 millones. El aumento del gasto público a través del endeudamiento no está exento de corrupción en Grecia. Uno de los casos más sonados, perseguido ahora por la justicia, es el de la alemana Siemens, acusada de pagar sobornos para conseguir contratos con la administración griega.

A partir de 2010, el aumento de los tipos de interés produjo el clásico efecto «bola de nieve». La deuda sigue creciendo a medida que el Estado se sigue endeudando para hacer frente a las deudas acumuladas. El “rescate” del FMI y la UE en mayo de 2010 y las siguientes refinanciaciones de la deuda griega no han hecho más que aumentar esa bola de nieve, para evitar una suspensión de pagos (default), que aún hoy sigue sobre la mesa. Los planes de austeridad impuestos a la sociedad griega (recortes sobre los salarios de los funcionarios, del sector privado y de las pensiones, aumento del IVA y de las tarifas de transporte, un plan de privatizaciones que afectará prácticamente a todos los sectores) suponen una grave vulneración de los derechos sociales básicos de la población, y no ayudaran al país a salir de la crisis. Más bien todo lo contrario, ya que Grecia se encuentra en estos momentos en recesión.

 

La caída del “Tigre Celta” o el fracaso del neoliberalismo en Irlanda

Irlanda, el “Tigre Celta”, bandera de los más fervientes defensores del neoliberalismo, había construido su crecimiento económico sobre la reducción de impuestos a empresas para atraer capital al país. El aumento de inversión extranjera acabó con el paro y se consiguió un déficit público del 0% en 2007. Unas cuentas públicas saneadas que escondían una grave burbuja bursátil, bancaria e inmobiliaria. El aumento de liquidez en los bancos irlandeses facilitó el crédito desenfrenado a las familias, especialmente para la compra de vivienda. Se financió así una gran burbuja inmobiliaria, que se convirtió en el principal motor de la economía.

El estallido de la crisis financiera en 2008 hizo caer el castillo de naipes con la explosión de las burbujas financiera e inmobiliaria. Las empresas cerraron o abandonaron el país, el desempleo se disparó (del 0% en 2008 al 14% a inicio de 2010). Las dificultades de pago para las familias aumentaron vertiginosamente (el endeudamiento familiar llegaba al 190% del PIB en vísperas de la crisis). Para evitar la quiebra del sistema bancario, el gobierno garantizó el conjunto de los depósitos de los bancos, que llegaban a 480.000 millones de euros (más del triple del PIB irlandés). El gobierno nacionalizó el Allied Irish Bank, principal financiador de la burbuja inmobiliaria, inyectándole 48.500 millones de euros (alrededor del 30% del PIB). Con el descenso de las inversiones y las exportaciones, la reducción de ingresos fiscales y el aumento de gastos por los rescates bancarios, el déficit pasó del 14% del PIB en 2009 al 32% en 2010. Todo ello llevó al Gobierno irlandés a plegarse ante la propuesta de la UE y aceptar un crédito del FMI y la misma UE, de 85.000 millones de euros, dirigido fundamentalmente a “rescatar” el sector financiero, y no al pueblo. La “ayuda” del FMI y la UE también aquí venía acompañada de plan de austeridad que atacaba los servicios sociales básicos, disminuía el poder adquisitivo del consumo (reducciones de sueldos y prestaciones sociales, y el aumento del IVA hasta al 21%), lo que reduce el consumo y, por tanto, ralentización de la economía. Según revela el primer informe de la Auditoria ciudadana de la deuda que se ha iniciado en Irlanda, la deuda creció de menos de 20 mil millones de euros a finales de los 80 a algo menos de 40 mil millones en 2007. Y desde entonces ha crecido a más de 91 mil millones, debido principalmente a la estatalización de las deudas privadas.

Es importante destacar que las llamadas “ayudas” de la troika formada por el FMI, la UE y el Banco Central Europeo no dejan de ser créditos que se imponen a un tipo de interés elevado. En el caso de Irlanda, el tipo de interés fue de 7% para los préstamos del FMI y 6,05% para los préstamos europeos.

 

Islandia, llegó el FMI, pero el pueblo no quiere pagar por los bancos

Los tres principales bancos islandeses (Kaupthing, Glitnir y sobre todo, Landsbanki mediante su filial on line Icesave), privatizados en 2003, jugaron fuerte en el espacio de las grandes finanzas, creando fondos altamente especulativos. Al estallar la crisis de 2008, los bancos islandeses se fueron a pique. Exactamente 5 años después de haber privatizado sus tres bancos, el gobierno islandés se vio obligado a renacionalizarlos. El proceso es muy claro: antes del 2003, como esos bancos realizaban beneficios colosales, había que privatizarlos, pero a partir del momento en el cual cayeron en bancarrota, el Estado los recuperó, asumiendo sus deudas, que representaban en 2008 diez veces el PIB del país. O sea, nacionalizó las deudas privadas. Y para hacerlo se endeudó con el FMI. El 24 de octubre de 2008, el FMI anunció su plan de rescate, un préstamo de 2.100 millones de dólares y un “programa de recuperación” de su economía, con medidas de austeridad que implican ataques muy duros contra el sistema de protección social y contra las pensiones, dando pie, por ejemplo, al cierre de hospitales.

Paralelamente, los gobiernos holandés y británico indemnizaron a sus compatriotas que tenían cuentas en los bancos islandeses, especialmente en Icesave, para después presentar la cuenta de la operación a Islandia: 3.900 millones de euros. A finales de 2009, el Parlamento islandés aprobó la ley “Icesave”, que ratificaba el pago de la deuda al Reino Unido y a los Países Bajos. Pero una fuerte movilización logró un referéndum vinculante sobre esta ley, que fue rechazada el 6 de marzo de 2010 por 93% de la población islandesa. Un nuevo acuerdo con Londres y La Haya, supuestamente más aceptable para la población (mejores tasas de interés y plazos de reembolso), fue de nuevo rechazado en referéndum el 9 de abril de 2011.[iii] La ciudadanía se ha negado a pagar las deudas de banqueros que anteriormente habían amasado fortunas.

El país no pago las deudas del caso Icesave, pero ha estado bajo el ajuste del FMI hasta agosto de 2011.[iv] A pesar del aún elevado desempleo y la lenta recuperación económica, el FMI considera un éxito el programa de ajuste impuesto a Islandia. No tiene en cuenta, sin embargo, que si Islandia ha conseguido mejorar no ha sido siguiendo sus recomendaciones, sino con el repudio de parte de la deuda, controles de capital y depreciación de la moneda, en dirección contraria al dogma neoliberal del FMI.

 

Hungría, también bajo el yugo de la deuda y el FMI

A partir de su entrada en la Unión Europea, los países de la Europa del Este recibieron masivos recursos financieros en forma de inversiones y crédito privado. La deuda aumentó rápidamente. Pero la crisis de 2008 paralizó el crédito y las inversiones. Además, la adopción de políticas neoliberales, como la eliminación de controles de capital y la desregulación del sistema bancario, propiciaron la aparición de burbujas crediticias y financieras, que agravaron la caída y fueron responsables de la grave crisis económica que atraviesan la mayor parte de los países de la zona.

Hungría heredó la deuda del “viejo régimen”, la cual alcanzaba el 100% del PIB.[v] Con este punto de partida, Hungría basó su desarrollo durante los años 90 en la disponibilidad de préstamos e inversiones extranjeros, fundamentalmente de bancos y empresas europeas. Sin embargo, el flujo se redujo a partir de 2000. En octubre de 2008, Hungría sufrió duros ataques especulativos, que llevaron al país al borde de la suspensión de pagos. Entre ellos, un fondo de George Soros atacó al banco central húngaro.

De esta forma, Hungría se convirtió en el primer país de la Unión europea en ser “rescatado” por el FMI, la UE y el Banco Mundial, con créditos por 20 mil millones de euros.[vi] El “rescate” estaba condicionado también a la adopción de un plan de ajuste con severas condiciones sobre la población. Incremento del IVA al 25%, aumento de la edad de jubilación, congelación de salarios de funcionarios y disminución de ayudas públicas a los sectores más desfavorecidos.

En julio de 2010 Hungría desafió al FMI al querer instaurar una tasa temporal sobre el sector financiero, que le permitiría recaudar más impuestos y así cumplir con las exigencias del Fondo de reducción del déficit. Ello llevó al FMI a suspender momentáneamente la “ayuda” a Hungría, respondiendo a la presión de los grandes bancos que se oponían a la tasa.[vii] A pesar de ello, Hungría aprobó la tasa bancaria, y el FMI siguió con su crédito al país.

 

APRENDIENDO DEL SUR

La deuda externa ha sido durante décadas una herramienta de dominación y neocolonialismo, que ha transferido del Sur Global al Norte Global ingentes cantidades de riquezas (tanto dinero como recursos naturales). Ahora que los países del Norte sufren los recortes sociales, merece la pena revisar lo que ha significado y aún significa la deuda en el Sur y, sobretodo, las respuestas que se han dado.

En la década de los 70 bancos del Norte e instituciones financieras internacionales inundaron los países del Sur de crédito barato. El exceso de liquidez debido al aumento del precio del petróleo, la necesidad de subvencionar las exportaciones y el uso del crédito como instrumento de apoyo a gobiernos amigos durante la guerra fría, fueron algunos de los factores que hicieron aumentar los préstamos hacia los países del Sur y, por tanto, su deuda externa. A inicios de los 80, la brusca subida de los tipos de interés y la caída de los precios internacionales de las materias primas, llevó a muchos países a una crisis de deuda que aún hoy pesa sobre ellos.

 

Los países, exhaustos, no pudieron seguir pagando a sus acreedores y acudieron a las instituciones financieras internacionales, en especial el FMI y el Banco Mundial, en busca de ayuda. Estas instituciones, a cambio de nuevos créditos, exigen a los países en crisis la puesta en marcha de ajustes que imposibilitan garantizar el bienestar de la población. Los llamados Planes de Ajuste Estructural no sólo implican recortes sociales, sino también la imposición de un modelo económico basado en la apertura de mercados y la exportación a toda costa de materias primas, con el sólo objetivo de conseguir divisas para pagar a los acreedores. Estos planes, lejos de significar una salida a la crisis de la deuda, han hundido a numerosos países en décadas de empobrecimiento y transfusión de recursos hacia sus acreedores.

Este esquema se repite, pero es la forma como los diferentes países deciden, soberanamente o de forma impuesta, hacer frente a la deuda lo que puede marcar las diferencias.

 

Argentina, del neoliberalismo extremo al default

A finales de 1975 la deuda argentina ascendía a 7.800 millones de dólares, y cada argentino/a debía 320 dólares. Con la dictadura de la junta militar, la deuda aumentó el 465%, hasta los 1.500 dólares por habitante. El endeudamiento fue paralelo a la imposición del modelo liberal a sangre y fuego, que destruyó la economía de un país medianamente industrializado y con índices de desarrollo aceptables. Una profunda desregulación del sistema financiero, la obligación de endeudamiento innecesario de las empresas públicas, el endeudamiento de empresas privadas y, finalmente, la asunción de esas deudas privadas como públicas por parte del Estado. Todo ello condujo a la explosión de esa deuda, que podemos calificar de odiosa.

La crisis de la deuda en los 80 afectó también a una Argentina que volvía a ser democrática. Pero el FMI intervino con su Plan de Ajuste Estructural. Bajo  el paradigma de lo que se conoce como Consenso de Washington se impusieron recortes sociales, privatizaciones, venta del patrimonio público y, finalmente, la convertibilidad (1 peso argentino pasó a equivaler 1 dólar norteamericano, perdiendo así Argentina su soberanía monetaria). A pesar del “rescate” y el ajuste, la deuda siguió creciendo vertiginosamente hasta los 147.000 millones de dólares a finales de los 90.

En diciembre de 2001, el gobierno argentino cayó en medio de protestas masivas, por el aumento del desempleo y el colapso del peso (pues nadie se creía ya la equivalencia con el dólar). El sistema bancario se había derrumbado y las cuentas bancarias fueron congeladas (lo que se conoció como “corralito”). Más de la mitad de la población había caído por debajo del umbral de pobreza. Todo ello marcó el final de un experimento económico que, hasta unos pocos años antes, había sido considerado como un ejemplo orgulloso del éxito del libre mercado y el paradigma neoliberal.

Después del estallido de la crisis, Argentina siguió negociando con el FMI un paquete de rescate que ayudase a la recuperación económica. Sin embargo, el FMI continuó recomendando las mismas políticas dañinas. Argentina respondió con un NO rotundo al FMI y anunció una moratoria unilateral sobre el reembolso de su deuda pública externa. O sea, dejó de pagar y rompió con todas las reglas. El pronóstico de los expertos fue de depresión y aislamiento  económico pero el resultado ha sido todo lo contrario.[viii]

El default de la deuda resultó la clave que posibilitó la recuperación económica del país. El Gobierno no sólo disponía de unos recursos necesarios para ello, sino que, al no necesitar nuevos prestamos, se liberó del FMI y de la obligación de adoptar políticas económicas dañinas para contentar a mercados y acreedores. [ix]

Pese que el total de la deuda sigue siendo hoy elevado, ésta no tiene el impacto de hace una década.[x] Durante 2011 Argentina ha negociado con el Club de París la reestructuración de una parte de la deuda sin la presencia del FMI, rompiendo así una norma no escrita de las negociaciones de deuda. El Club de París ha acabado por aceptar una quita (reducción de deuda) correspondiente a una parte de deudas ilegítimas contraídas por la dictadura militar.

El de Argentina es el ejemplo de que ejercer el derecho soberano a no pagar y no ceder a las condiciones impuestas por los acreedores puede ser la única salida posible.

 

Ecuador, del endeudamiento ilegítimo a la auditoria

Ecuador, extremadamente rico en recursos naturales y sistemáticamente expoliado, fue el país suramericano que mayor proporción de su presupuesto tuvo que destinar al pago de la deuda.  El origen del endeudamiento comenzó con la dictadura militar de Guillermo Rodríguez Lara, cuya intención era promover un modelo relativamente autocentrado de desarrollo económico (sustitución de importaciones, desarrollo infraestructuras, etc.). En 1976 un nuevo golpe de Estado instauró un gobierno militar que duró hasta 1979 y que hizo crecer la deuda exponencialmente. La renta petrolera aseguraba a los prestamistas el pago de la deuda y los créditos es obtenían con gran facilidad. Entre 1983 y 1984, debido a una fuerte crisis económica se estatizaron las deudas privadas. En el año 2000, Ecuador abandonó su moneda, el sucre, y adoptó el dólar, provocando otra catástrofe económica que llevó a más de un millón de ecuatorianos a la emigración. Con todo ello, la deuda ecuatoriana pasó de 260 millones en 1971 a 16.856 millones de dólares en el año 2006. En ese período el país pagó el 156% de lo que había recibido como préstamos. [xi]

Después de un período de inestabilidad institucional y económica, y de revueltas populares, en noviembre de 2006, Rafael Correa fue elegido presidente. A mediados de  2007, Correa se comprometió a relanzar el proceso de auditoría de la deuda, comenzado por su antecesor Alfredo Palacio, con la creación de la Comisión Integral del Crédito Público (CAIC). Esta comisión, cuyo objetivo era auditar todas las deudas de las instituciones del Estado, estaba compuesta por representantes de la Administración pública y del gobierno, y también de organizaciones sociales del país e internacionales. El informe final, presentado en septiembre de 2008,[xii] califica gran parte de la deuda de ilegítima.

Con los resultados de la auditoría el Gobierno declaró unilateralmente una moratoria en el pago de parte de la deuda privada y ofreció a los acreedores de esa deuda pagar el 30% de su valor. Con esta operación el tesoro público ecuatoriano ahorró cerca de 2.200 millones de dólares, más unos 6.000 millones en intereses,[xiii] que se tradujeron en recursos para gastos sociales.

El ejemplo de Ecuador nos demuestra como la Auditoria puede convertirse en un arma de gran utilidad para mostrar los procesos ilegítimos de endeudamiento, así como para legitimar decisiones soberanas de repudio o renegociación de la deuda.

 

Seguir, o no seguir las recetas del FMI, los caminos de Tailandia, Indonesia… y Malasia

Los países del Sureste asiático crecieron espectacularmente desde finales de los 80 hasta mediados de los 90. En este marco, entre 1985 y 1996, la economía de Tailandia creció una media del 9% anual. Pero en mayo de 1997, el baht, la moneda tailandesa, sufrió un ataque especulativo masivo y estalló la crisis financiera asiática. El baht perdió la mitad de su valor, el crecimiento económico tailandés se derrumbó y hubo despidos masivos en todos los sectores. La crisis se expandió rápidamente, revelando que uno de los dogmas de la globalización (la liberalización de los mercados financieros) podía ser profundamente desestabilizador. Esto se vio claramente cuando, en sólo unas semanas, un millón de personas en Tailandia y 21 millones en Indonesia pasaron a engrosar las filas de los oficialmente pobres.[xiv]

La deuda externa pública tailandesa pasó, tras los préstamos del FMI y de los países del G7, de 12.500 millones en 1990 a 34.700 millones en 1999. A pesar de las dificultades económicas, el gobierno de Tailandia pagó religiosamente sumas enormes para reducir su deuda. Como siempre, los acreedores privados fueron los primeros en cobrar.[xv] Después de los pagos, más de 10 mil millones de dólares entre 2006 y 2009, la deuda se ha reducido hasta los 11.185 millones de dólares, pero las desigualdades siguen siendo escandalosas en este país que se dice emergente.[xvi]

El rápido contagio de la crisis en la región también golpeó duramente a Indonesia. En menos de un año el capital extranjero abandonó el país, la rupia se desplomó y un desempleo masivo invadió el país. A finales de 1998 el 50% de la población vivía bajo el umbral de pobreza. El desembarco del FMI con sus recetas de siempre para ”solucionar“ la crisis sólo la agravó. El pago de la deuda continuó llevándose la mayor parte de los recursos del Estado, además, y siguiendo las “recomendaciones” del FMI, el dictador Suharto eliminó los subsidios a los bienes básicos, de manera que el precio de los carburantes y la electricidad aumentó un 7%. A causa del encarecimiento de la vida, la movilización popular acabó con 32 años de la tiranía de Suharto. Una dictadura que había acabado con la desaparición de hasta un millón de opositores, y que siempre contó con el apoyo financiero de occidente (incluidos créditos FAD españoles) y del Banco Mundial. La deuda continuó siendo una losa después de la dictadura, ya que el nuevo gobierno, elegido democráticamente, heredó las deudas del dictador.

Por el contrario, Malasia, que también sufrió el contagio de la crisis del Sureste asiático, consiguió evitar al FMI y sus programas de ajuste estructural. Viendo que las medidas neoliberales no ayudaban a sus vecinos a superar la crisis, el gobierno reintrodujo el control de capitales, se repatriaron los activos en moneda de Malasia y se prohibió que las inversiones extranjeras sacaran sus fondos del país durante una año. Al detener la hemorragia del dinero que salía del país, la economía se recuperó mucho más rápidamente que la de sus vecinos.[xvii]

 

Zambia y Malí: la cancelación de deuda, un arma de doble filo

En los años 70 Zambia se endeudó para desarrollar la explotación y refinación del cobre. Con la caída de precios y el aumento de las tasas de interés, se redujeron los ingresos y aumentaron las dificultades para pagar la deuda. La crisis de la deuda explotó, la deuda llegó al 75% del PIB y el FMI ofreció en 1983 su receta a Zambia.

A pesar del “rescate” del FMI, la deuda pública externa aumentó entre 1983 y 1995 de 2,5 mil millones de dólares a 5 mil millones, el 150% del PIB. En 1995, la economía de Zambia se había reducido más de 30% en comparación con los niveles de 1980, mientras que el gasto público había sido reducido a la mitad.[xviii] Además, Zambia se vio obligada a privatizar casi todas las empresas públicas. La OMC, a pesar de las amplias privatizaciones, siguió presionando para privatizar el sector de telecomunicaciones, la Empresa Nacional de Petróleo de Zambia y la Zambia Consolidated Copper Mines.[xix]

 

La década siguiente se caracterizó por la aplicación de la Iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados (conocida como HIPC por sus siglas en inglés). En el marco de esta iniciativa, a cambio de la reducción de una parte de la deuda, el FMI aplicó un nuevo ajuste estructural, en el que se obligó al gobierno a privatizar todas las empresas estatales que quedaban. Se destruyeron centenares de miles de puestos de trabajo y se obligó a mantener un fuerte control del déficit fiscal disminuyendo los gastos sociales en salud, educación o alimentación. En 2004, por ejemplo, el FMI obligó despedir a miles de profesores, llegando a la escandalosa proporción de 100 alumno/as por profesor en algunas escuelas. Ante la presión de la sociedad civil, el FMI se vio obligado a reducir el techo del gasto público en sueldos.[xx]

Otro buen ejemplo de la doble cara de los programas “de alivio de deuda” lanzados por los gobiernos ricos e implementados por el Banco Mundial y el FMI, es el de Malí. El tercer país más empobrecido del mundo según el Índice de Desarrollo Humano del PNUD, Malí se ha beneficiado en los últimos años de la cancelación de 1.652 millones de dólares, pasando de 3.316 millones de dólares de deuda en 2001 a 1.590 en 2006. Pero ¿a qué precio?

El acuerdo con el FMI para poder recibir esta reducción de la deuda incluyó la privatización de sectores como la agricultura, la banca y las telecomunicaciones.[xxi] La privatización del sector eléctrico no tuvo buenos resultados y se tuvo que suspender, ya que la empresa francesa SAUR, que había conseguido la concesión, no cumplió el contrato por no resultarle rentable. Sin embargo, se produjo un importante incremento en las tarifas eléctricas (convirtiendo la electricidad en Mali en la más cara de la región). El sector más dramático fue el del algodón, ya que el gobierno de Malí se vio obligado a eliminar el precio fijo subsidiado. En Malí 3,5 millones de personas viven del algodón. Ahora deben competir con el algodón que se subvenciona y se exporta desde los EEUU y la UE, porque que el FMI impide que su gobierno les ayude con subvenciones equivalentes. Según un informe no publicado del Banco Mundial, la eliminación del apoyo a los productores de algodón es una de las más probables causas del incremento de la pobreza en un 4,6%.[xxii]

En definitiva, la Iniciativa HIPC pretende reducir deudas que de todas maneras los países más empobrecidos no podrían pagar a cambio de profundizar la liberalización de su economía así como el desmantelamiento de los estados.

 

Túnez, una deuda odiosa

El caso de Túnez ilustra perfectamente cómo la deuda es una trampa que convierte al país en una máquina de enriquecimiento de sus acreedores. El dictador Ben Ali multiplicó por 2,5 la deuda externa pública del país, que pasó de 5,95 a 14,44 mil millones de dólares de 1987 a 2011.[xxiii] Sus acreedores legitimaron la dictadura ya que una parte de la deuda financió la opresión del pueblo tunecino. Otra parte fue acaparada por Ben Ali y su cúpula. Por eso podemos afirmar que la deuda de Túnez es una deuda odiosa.

 

Bajo el régimen se reembolsaron 32 mil millones de dólares, a la vez que se suscribieron 27,3 mil millones de nuevas deudas. Para mantener este bombeo financiero, el dictador agudizó las políticas neoliberales y de austeridad en el país (disminución de los gastos sociales, disminución de los impuestos para las empresas y subida del IVA…), con las consecuentes felicitaciones del FMI. Lo ilustra las declaraciones en 2008 de su presidente, Dominique Strauss-Kahn, cinco meses después de que las revueltas del hambre sacudieran a Túnez: “La política económica es sana y es un buen ejemplo a seguir. El juicio que el FMI hace de la política tunecina es muy positivo, y no tengo ningún temor porque en Túnez las cosas seguirán funcionando correctamente”.[xxiv] No deja de ser paradigmático que los informes del FMI sobre la política económica y los ajustes y recortes sociales realizados por los gobiernos de Egipto o Libia, junto con los de países como Argelia o Barhein, en los meses previos a las revueltas árabes, fueran muy favorables.[xxv]

Al caer la dictadura las agencias de calificación bajaron la nota de Túnez. Antes se recompensada una dictadura que enriquecía a sus acreedores. Hoy, los y las que luchan para el no pago y la auditoría de la deuda del régimen de Ben Ali tienen propuestas sencillas. “Si no pagamos la deuda, no necesitamos nuevos préstamos, y usamos el dinero previsto en el presupuesto para el reembolso, para aumentar el gasto social y estimular la economía.” [xxvi]

 

Corrección a cargo de Raül González (Grup de Treball per l'Auditoria del Deute 15M)
y Mercè Amado (Revolta Global)


Notas

[i] Esta introducción, junto con los casos de Grecia e Islandia, han sido elaborados principalmente a partir del libro Damien Millet, Eric Toussaint coord. La deuda o la vida, Icaria editorial, Barcelona, 2011

[ii] Grecia compró por valor de 5 mil millones de euros submarinos alemanes… con un equipamiento electrónico defectuoso. El gasto militar griego representa el 4% del PIB griego frente al 2,4% para Francia, 2,7% para el Reino Unido o 1,3% para España.

[iii] Actualmente, los gobiernos del Reino Unido y de los Países Bajos plantean recuperar estas sumas recurriendo ante los tribunales, a la vez que chantajean a Islandia amenazando con bloquearle el acceso a la Unión Europea.

[v] Zsolt Boda, Védegylet. “Hungría y el FMI: Futuro endeudado”. 27 julio 2009

http://www.brettonwoodsproject.org/art-564986

[vi] Jérome Duval, CADTM – Patas Arriba, “Hungría desafía al FMI”, 16 de agosto 2010 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=110926

[vii] “Seis grandes bancos internacionales piden ayuda al FMI contra la tasa bancaria impuesta por Hungría”

http://www.euribor.com.es/2010/07/06/seis-grandes-bancos-internacionales-piden-ayuda-al-fmi-contra-la-tasa-bancaria-impuesta-por-hungria/

[viii] Christian Aid, “Basta, La Opción de Repudio de la Deuda” p. 24-5 20 Repudiation http://www.eurodad.org/uploadedFiles/Whats_New/Reports/Debt%%% 20Aid.pdf

[ix] Mario Damill, Roberto Frenkel, Martín Rapetti (Investigadores del CEDES, Centro de Estudios de Estado y Sociedad, Buenos aires, Argentina). La deuda argentina: historia, default y reestructuración, CEDES, abril 2005.

[x] Eduardo Lucita: “Reflexiones desde la experiencia argentina para el debate sobre la deuda en Portugal, Grecia, Irlanda, España,…”, 27 de julio de 2011 http://www.cadtm.org/Reflexiones-desde-la-experiencia

[xi]  CADTM, “La Deuda Ilegitima de Ecuador”, agosto de 2007. http://www.cadtm.org/spip.php?article2759

[xii] El informe y la documentación sobre la auditoria se pueden encontrar en http://www.auditoriadeuda.org.ec/

CADTM, Ecuador en la encrucijada, Abya Yala, Quito, 2009

[xiii] El gobierno compró por 1.000 millones de dólares bonos de deuda que valían 3.200 millones, ahorrando así el tesoro público ecuatoriano cerca de 2.200 millones de dólares de forma inmediata, a los que hay que sumar los 300 millones de dólares de interés por año, durante el período 2008-2030

[xiv] Walden Bello, “¿Qué es la globalización?”, 2003 http://www.globalizate.org/bello2.html

[xvi] Damien Millet y Eric Toussaint, “Los tsunamis de la deuda”, Icaria, Barcelona, 2006, p. 108

[xvii] Kaplan, E. and Rodrik, D. “Did the Malaysian Capital Controls Work?”, 2001 http://ksghome.harvard.edu/~.drodrik.academic.ksg/Malaysia%20controls.PDF

[xviii]Jubilee Debt Campaign UK. “Private debt, public pain: what does the third world debt crisis

[xix]OMC: Zambia: agosto de 1996, Comunicado de Prensa http://www.wto.org/spanish/tratop_s/tpr_s/tp037_s.htm

[xx]AFRI, “The IMF and Ireland: what we can learn from the Global South”, diciembre 2010, y AFRODAD, “Assessing the Impact of the PRGF on Social Services in Selected African Countries. A Synthesis Report on Ethiopia, Malawi, Zambia and Tanzania”, marzo de 2006

[xxi] Eurodad, “Small change for a high price: conditional debt relief in Mali”, 2007 http://www.eurodad.org/debt/report.aspx?id=112&item=01416

[xxii] AFRI, “The IMF and Ireland: what we can learn from the Global South”, diciembre de 2010

[xxiv]El Público, “Strauss-Khan dio todo el apoyo del FMI al dictador”,  20 de enero de 2011 http://www.publico.es/internacional/357141/strauss-khan-dio-todo-el-apoyo-del-fmi-al-dictador

[xxv] New York Times, “I.M.F. Reviews Praised Libya, Egypt and Other Nations”, 22 de febrero de 2011 http://www.nytimes.com/2011/02/23/business/23views.html?_r=2

[xxvi]Fathi Chamkhi, «Une ardoise assez lourde», 20 de abril de 2011  http://www.cadtm.org/Une-ardoise-assez-lourde

 

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